Un cuento de primavera: El día que nos unimos para defender nuestro colegio

Corría un día de finales de abril de 2015, algo fresco y ventoso. Salíamos de recoger a los niños y, como todos los días, íbamos para casa cuando escuchamos algo sobre la última reunión del AMPA. Ani, la directora, había contado que la Consejería de Educación tenía decidido que el curso siguiente solo se abriría un aula de 3 años en Infantil. La dirección estaba haciendo gestiones para evitarlo, pero parecían hechos consumados. Tras unos momentos de aturdimiento, las preguntas surgieron a borbotones: ¿Cómo era posible una decisión así cuando aún no había terminado el proceso de escolarización?, ¿cuántas solicitudes había habido en primera opción?, ¿y en segunda?, ¿significaba eso que el cole se quedaría con un solo grupo por curso en el futuro?

Durante los días siguientes, las respuestas iban llegando, pero eran tan insuficientes como preocupantes. La decisión no solo implicaba al CEIP Miguel Hernández, sino también a otros cuatro centros públicos no bilingües de Getafe. La Consejería se aferraba a que era una decisión legal, lo cual era cierto, pero la ley solo es un argumento válido cuando es justa, transparente y no vulnera el derecho a una educación básica de calidad. Otro argumento que esgrimieron era la baja demanda. Sin embargo, el que se tomara la decisión sin que concluyera el proceso de escolarización indicaba que no habían esperado a analizar la demanda y que, por lo tanto, había una intención premeditada de reducir estos centros.

La extrañeza dio paso a la indignación en los cinco colegios. La mayoría éramos conscientes del deterioro que había sufrido la educación pública durante los últimos años y de los esfuerzos de muchos por defenderla. Pero ahora nos atacaban directamente a nosotros. A nuestro cole. A nuestros profes. A nuestros hijos. Si ahora no reaccionábamos, ¿cuándo lo íbamos a hacer?

44765-pancarta2bcoleLa noticia corrió como la pólvora. Al principio, la indignación estaba fragmentada, se evaporaba en el fragor de las conversaciones, pero pronto empezaría a cobrar forma. ¿Qué podíamos hacer? Habían pasado pocos días desde que la noticia aterrizara en el colegio, pero algo se empezaba a fraguar. La gente más activa del AMPA tomó la iniciativa, se reunió con el resto de AMPAS afectadas y convocó una asamblea informativa para todo el colegio que se celebraría el lunes 27 de abril. A la asamblea asistieron más de 80 personas, no solo del nuestro, sino también de otros centros de la zona sur alarmados por la situación. En ese momento se consolidó un grupo de personas más numeroso que articularía la movilización durante las semanas siguientes.

Sabíamos que la Dirección de Área Territorial (DAT) quedaba lejos, tanto física como simbólicamente, y por eso había que dirigir la protesta hacia el gobierno municipal, que era cómplice de la política educativa de la Comunidad de Madrid. Tras una nueva reunión de las AMPAS, se decidió convocar una concentración el jueves día 7 de mayo frente al Ayuntamiento. Quedaba una semana, incluyendo el puente de mayo, para movilizar al mayor número de personas posible. La maquinaria, bien engrasada, se puso en funcionamiento. La difusión fue rápida y eficaz: se creó una Web, se recogieron firmas, se hicieron folletos, carteles y las redes sociales se convirtieron en un martilleo constante, no solo para difundir la concentración, sino también para poner en alerta al alcalde, concejales y cargos de confianza del gobierno municipal. Ante la sorpresa de muchos, aquel jueves en la plaza del Ayuntamiento se congregaron 400 personas contra la supresión de aulas, entre las que había ciudadanos anónimos, padres, madres y docentes de otros centros preocupados con la situación.

Los medios locales se hicieron eco. Se había dado un aldabonazo. Nos habían oído. Sabían que estábamos organizados y que contábamos con apoyos. Era el momento de indagar la sensibilidad de un alcalde que, además, era candidato a la reelección cuando quedaban tres semanas para unas elecciones locales muy reñidas. Así, se celebró una reunión con el Concejal de Educación que, aunque poco productiva, sirvió para recabar su apoyo. Tras ella, las AMPAS afectadas lograron una cita con la DAT para tratar el asunto. Solo cinco días después de la concentración, el 12 de mayo, se entregaron más de 6.000 firmas en el registro del Ayuntamiento. Todo iba a una velocidad de vértigo.

La reunión con la DAT se produjo el miércoles 13 de mayo, con una conclusión demoledora: la decisión era inamovible. Las aulas se cerraban.

El jueves 14 era fiesta en Getafe, así que muchas familias del cole aprovecharon para salir unos días de Getafe. Cada uno tuvo que rumiar la noticia por su cuenta. La decepción y el desaliento se extendieron como un virus. Cuatrocientas personas no habían servido para que se movieran ni un milímetro. Y ahora, ¿qué? Aunque no esperábamos ser demasiados, se convocó una asamblea para el viernes 15. Había que decidir si tirar la toalla o seguir adelante.

fb88b-dsc_0074A la asamblea asistieron unas 40 personas. Aunque planeaba ladesesperanza, una cosa estaba clara: no teníamos nada que perder y quedaban 10 días para las elecciones. Se nos vino a la cabeza aquella frase: “No tenemos fuerzas para rendirnos”. Era un momento único, finito y que había que aprovechar. Tras barajar varias opciones, alguien comentó que el alcalde tenía previsto un acto electoral el domingo 17 en un parque de Getafe Norte. Había convocado a “las familias” para repartir globos y algodón de azúcar a cuenta del Partido Popular. Decidimos convocar a la gente a acudir al acto con las camisetas verdes y repartir allí octavillas informativas. El objetivo, transmitir que íbamos a pelear hasta el último día de campaña electoral.

De nuevo, la gente respondió y nos reunimos unas 120 personas. Demasiadas para un alcalde que decidió esperar casi tres horas para ir a hacerse las fotos de rigor sin tropezarse con las molestas camisetas verdes. Probablemente, fue aquella noche cuando Juan Soler decidió afrontar un problema que amenazaba con estallarle en los días decisivos de la campaña. Al día siguiente, el alcalde informó a través de Twitter que estaba en conversaciones con la Consejería de Educación y que la decisión se estaba “reconsiderando”. Al no recibir comunicación oficial, las críticas por la ambigüedad de su mensaje arreciaron a través de las redes sociales. A pesar de que el alcalde ya había convocado a las AMPAS afectadas para el jueves 21, el martes contraatacamos y por la tarde se repartieron más de 2.000 octavillas criticando la gestión del conflicto. De nuevo, la estrategia era no bajar la guardia hasta tener algo seguro.

Y llegó el jueves. Los nervios estaban a flor de piel. Era nuestra última oportunidad. Tras aquella reunión habría muy poco tiempo para reaccionar. Nada más entrar nos informaron: La decisión de la Consejería de Educación era ampliar el periodo de escolarización para los centros afectados y, en caso de sobrepasar los 28 alumnos, mantener las dos aulas de infantil. Salimos de allí discutiendo hasta qué punto la posibilidad era real o se trataba de un señuelo para entretenernos hasta después de las elecciones. Aquella tarde tuvimos una larga asamblea en el local del AMPA, en la que se decidió sacar un comunicado contestando la electoralista versión del Ayuntamiento sobre la decisión tomada y terminar las movilizaciones con una pitada durante el pregón (23 de mayo). La suerte estaba echada y, como se suele decir en el deporte, lo habíamos dado todo.

En el momento de escribir estas líneas (miércoles 10 de junio) superamos ampliamente los 29 niños matriculados en 3 años y nos acaban de confirmar que se mantendrán las dos aulas de infantil. Dos centros más también lo han conseguido y uno lo tiene muy cerca. Contra todo pronóstico, entre todos hemos logrado cambiar la realidad. Contra el rodillo de la Consejería de Educación. Contra la burocracia fría, ciega, inhumana e injusta. Contra una propuesta clasista y segregadora de la educación. Desde el respeto y la humildad. Aportando cada uno nuestro granito de arena (una firma, la asistencia a una concentración, una asamblea, una reunión, un twit, una entrada de Facebook, un mensaje de Whatsapp, etc.) hemos empujado para que se hiciera posible. Con entusiasmo, alegría, flexibilidad, humor y mucho trabajo compartido. Sin olvidar la chispa de la que surge todo esto: El trabajo cotidiano del AMPA. Sin esa chispa, probablemente, no habría sido posible prender la llama del compromiso que nos ha unido estos días. Ojalá este mes tan especial sirva para seguir construyendo colegio, cada uno desde su papel, para que nuestros hijos y los que vengan logren la mejor educación posible.

Quizá a alguien le parezca poco un aula. Es solo un grupo de 3 años. Sí, pero esos niños y niñas simbolizan lo que compartimos los padres, madres, maestras y maestros de este colegio: La esperanza por construir una sociedad en la que todos y todas disfruten de una educación y un cuidado dignos y de calidad. Nos jugábamos su futuro. Y estuvimos a la altura.

Colorín colorado, este cuento (ni mucho menos) se ha acabado.

 

AMPA CEIP Miguel Hernández de Getafe

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